Las divergencias que sacuden a la vida política de hoy intrigan y preocupan a los observadores desapasionados. Nelson Castro buceó en el pasado las causas de esos desencuentros, que constituyen una manera de construir el poder.
En el prólogo de Rivales, la última obra del prestigioso periodista de radio y televisión, Joaquín Morales Solá esquematiza con una fórmula certera las energías que estremecen la vida cívica: Viento y tempestad. "En definitiva, el odio es lo único permanente en la extraña y volátil política argentina", concluye el prologuista.
Las diferencias -abundantes- y los consensos -en verdad ínfimos- que vivieron Juan Manuel de Rosas, Justo José de Urquiza, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Arturo Frondizi, Ricardo Balbín, Juan Domingo Perón, Eduardo Lonardi, Augusto Vandor, Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, desfilan descriptos con lenguaje ágil. Castro asevera que en el siglo XIX, en el XX o en el XXI, "la estructuración del poder es antagónica" y que se hizo de la confrontación, el método más válido de acumulación política.
Urquiza derrotó a Rosas y posibilitó la organización de la Argentina. Alivió la situación de Rosas durante su exilio británico, pero ese gesto no suturó las heridas abiertas, como lo probó la trágica muerte del entrerriano. La áspera polémica de dos gigantes del siglo XIX, como fueron Sarmiento y Alberdi, es narrada detalladamente. Ambos contribuyeron a la formación de la Argentina moderna. En ese feroz intercambio de argumentos hubo pronósticos fallidos. "La Constitución soñada por Alberdi se hizo realidad contra los augurios de Sarmiento. Sin embargo, la premonición de Alberdi, negándole a Sarmiento cualquier posibilidad de llegar a la Presidencia de la República, falló", subrayó como colofón del singular duelo epistolar.
El siglo XX
La dilatada trayectoria de Perón se despliega con generosidad a lo largo del texto de Castro. Lonardi, según se expone, le tomó encono a Perón por una frustrada misión de espionaje en Chile, que casi acaba con su carrera militar. El gobierno autoritario del fundador del PJ dividió a la sociedad y Lonardi aceptó liderar la revolución de setiembre de 1955. "La política que ustedes propugnan fortalecerá al peronismo en forma tal que no sería extraño que Perón estuviera en la Casa de Gobierno, o una guerra civil asolara al país", les vaticinó a los liberales que lo echaron. En 1973 "el augurio se hizo realidad", acotó Castro.
Arturo Frondizi y Ricardo Balbín, dos notables del siglo XX, compartieron "afinidades políticas y diferencias ideológicas". Enemigos del peronismo en la década del 50, a partir de la ruptura de la UCR se cruzaron de vereda para siempre. Balbín hostigó sin piedad al presidente Frondizi, y este le pagó con la misma moneda al radical del pueblo Arturo Illia.
Perón y Vandor, "el peso de la traición". La lucha por edificar el peronismo sin Perón terminó con el asesinato del líder metalúrgico, quien concibió al sindicalismo como factor de poder capaz de negociar con el partido militar. "A Vandor no lo mató la CIA. Lo mató el Movimiento", afirmó Montoneros en 1974. La de Balbín y Perón es una historia de dos políticos que en la década del 70, intentaron salvar una democracia endeble.
Castro evoca el pedido de indulto que Perón le hizo a Balbín, en retribución del que le concedió en los años 50, como dato relevante.
La era K
El recorrido histórico de Castro remata con la desavenencia entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Como es sabido, Duhalde inclinó la balanza por Kirchner para impedir que el archienemigo Carlos Menem volviera a la Casa Rosada. Castro devela los secretos entre bambalinas de esa operación política y la diferente posición que cada uno encarnaba hacia el futuro.
Mientras Duhalde apostaba al PJ, Kirchner impulsaba la transversalidad para ensanchar su base de sustentación. Durante 2005 se produce el quiebre irreversible, proceso en el que Castro resalta la encendida rivalidad que se consolidará entre dos mujeres: Cristina Fernández e Hilda "Chiche" Duhalde. © LA GACETA